Un placer

No pude despegar mi atención de él desde que lo vi. Así no lo mirará directamente, estuve todo el viaje volteando hacia donde él estaba parado y cada vez que volteaba notaba que él no apartaba sus ojos de mi. Yo estaba intentando ser discreta, él había mandado la discreción a la mierda, y obviamente notó que cada vez que volteaba era por él. Poco a poco se fue formando una media sonrisa un poco arrogante en su rostro, y ya mi discreción era inexistente, no podía aguantar sonreír y sonrojarme. Por alguna razón encontraba esa media sonrisa arrogante extremadamente sexy.

Ya hubo un momento en el que simplemente reí y le pregunté:

– ¿Te vas a quedar ahí viéndome con esa sonrisa arrogante o vas a decir algo?

Él respondió mostrando sus dientes en una sonrisa completa y me dijo.

– ¿Estas apurada? ¿O hay alguien esperándote?

– Debería estar apurada, pero supongo que un café o un helado no me caerían mal.- Respondí, encogiendome de hombros.

Él se rió ante mi sugerencia.

– Por aquí hay una heladería con unas malteadas brutales. En la parada que viene nos bajamos.

– ¿Eso es una invitación o una orden?

– Creo que sea cual sea igual te bajarás conmigo, ¿me equivoco?

– Que modesto – Le dije, alzando una ceja. Al mismo tiempo el bus frenaba frente a la parada.

Nos bajamos y caminamos hacia la heladería, estaba a una cuadra de la parada. Los dos sonreíamos abiertamente.

– No puedo creer que estoy apunto de tomarme una malteada con un extraño, ni siquiera se tu nombre. No eres un asesino en serie ni nada por el estilo no?

– Jaja no. Tampoco te pedí que me acompañaras a mi casa pues, sólo es una malteada.

– Buen punto.

Caminamos un rato más en silencio, cuando llegamos a la heladería abrió la puerta para que pasara yo primero y, entrando detrás de mí, dijo:

– Andrés.

– Luna – le respondí, alzandole la mano protocolarmente. Él me dio la mano y me besó en la mejilla.

– Creo que está es la primera vez que digo esto con completa honestidad; es un completo placer para mí conocerte Luna.